El método Montessori parte de una idea muy sencilla, que además coincide bastante con cómo se jugaba hace generaciones: los niños aprenden haciendo, no mirando. Meter, sacar, clasificar, repetir. No hace falta que un juguete "hable" o "se ilumine" para captar la atención de un niño pequeño — de hecho, cuanto más simple es la actividad, más tiempo suele mantenerlos concentrados.